¿Cuál es el futuro después de la crisis económica mundial?

Sin más rodeos y yendo directamente al grano, la respuesta a esta pregunta es simple: el futuro de la economía es incierto. Nos dicen que ya vivimos lo peor de la crisis financiera. Pero no podemos saber a ciencia cierta qué creer cuando unas noticias nos dicen que la economía mundial está creciendo, otras que está estancada, o que va en picada… y todo de forma paralela.

Ya no nos asombra el acelerado crecimiento del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), sencillamente porque este ya no presenta la misma velocidad. Es más, expertos atribuyen el crecimiento de estas economías, sacando a Rusia del grupo, a una burbuja financiera, que según los pesimistas, explotará más pronto que tarde. Sin embargo, a mediano y largo plazo pareciese que el sur del Sahara será la cuna para las nuevas naciones emergentes.

Entre tanto, según el panorama actual, la tendencia apunta a que ya no exista una divisa líder, pues además del dólar, el euro y el yuan son y serán los protagonistas en el corto plazo. No obstante, al ser incierta la posición de Grecia dentro de la euro zona, el euro no goza de mucha confianza.

De otra parte, el desarrollo de nuevas tecnologías para la extracción energética y el descubrimiento de nuevas materias primas reconfigurarán el sector y generarán una nueva dinámica en cuento a la competitividad de los países productores, que sin duda le otorgarán la batuta a aquellos mercados basados en la inversión de I+D. No obstante, otro factor decisivo para la dinámica de este sector serían los conflictos en oriente medio, lo cual incrementaría el precio del petróleo e influenciaría negativamente no sólo a las grandes economías sino también a las emergentes.

Aunque todo parecía indicar que las industrias se asentarían, además de China, en países de mano de obra barata, como Pakistán, Bangladés y Vietnam, contradictoriamente está surgiendo un nuevo fenómeno llamado “Reshoring”, en el cual las industrias multinacionales están retornando a sus países de origen, en razón a que las altas tasas de desempleo de los países avanzados presionan el regreso de las industrias, a la preferencia a la centralización de todos los procesos, o a los posibles acuerdos de disminución de costes energéticos por parte de sus países de origen.

No tenemos certeza de si todos estos escenarios son progresiones, predicciones o simples hipótesis. No sabemos si tienen carácter profético o si estarán lejos de la realidad que nos sucederá; sólo sabemos que la economía ha sido, es y será una ciencia incierta. Tal vez eso es lo que la hace emocionante y nos mantiene con el interés puesto en ella.