¿Es la austeridad una solución a la situación económica actual?

Nueva York, 17 de octubre de 2013: animado, el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, asegura que en España las cosas marchan, que “el momento es magnífico”, como refleja el panorama tanto en la bolsa (el Ibex 35 acaba de alcanzar los 10.000 puntos) como en el mercado de deuda (la prima de riesgo se comporta y los títulos se colocan con un tipo de interés moderado). Botín asegura que al país “llega dinero de todas partes” y se muestra “encantado” y orgulloso de exhibir su optimismo; lo hace siete días después de que la organización humanitaria católica Cáritas anuncie que el número de españoles extremadamente pobres supera ya los tres millones.

Desde el estallido de la crisis (que el Gobierno socialista no quiso ni ver ni trata de atajar hasta demasiado tarde), al ciudadano medio se le han subido los impuestos, se le ha congelado el sueldo, se le ha exigido un esfuerzo extra y se le ha acusado de haber vivido por encima de sus posibilidades. Ha asistido al rescate (41.000 millones de euros, y la línea sigue abierta) de una banca que a él le niega el crédito y a casos de corrupción incalificables, protagonizados por políticos (presidentes y consejeros autonómicos, alcaldes, concejales, tesoreros), miembros de la Casa Real, sindicalistas y directivos de grandes corporaciones, incluido el presidente de los empresarios entre 2007 y 2010, Gerardo Díaz Ferrán.

En su firme compromiso con la austeridad y la reducción del déficit, el Estado ha hundido el consumo y ha decidido seguir al dedillo las órdenes de la Unión Europea, a pesar del estrepitoso fracaso de los recortes en las otras dos ovejas negras del Viejo Continente, Portugal y Grecia. Volcado en la contención del gasto, el Partido Popular, en el poder desde 2011, ha estrangulado a los funcionarios, ha abaratado el despido (para alegría de muchos de los empresarios que con tan buen ojo habían convertido al mencionado Díaz Ferrán en su máximo representante) y ha entrado con la podadora en todos los ministerios. La inversión en I+D+i ha tocado fondo, no se ha puesto en marcha ninguna iniciativa destinada a impulsar la economía o la competitividad del país (aparte del estéril Plan E, de 2009), la industria malvive y la tasa de paro se ha disparado hasta el 26 por ciento.

En este contexto, la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, también se muestra optimista: de cara a 2014 prevé para España un crecimiento del 0,2 por ciento. ¿Brotes verdes? Cuesta creer que una recuperación basada en la destrucción de empleo, la colocación de deuda y el colapso del consumo sea lo mejor para un país, más allá de los buenos resultados obtenidos recientemente en la bolsa por empresas que hace tiempo decidieron que lo que más les convenía era invertir en el extranjero.